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Archive for 25/02/08

Por Escribiente

Portada-Cosas d’aqui 02Fin de la aventura. Tres revistas en dos años puede parecer poco pero si pensamos que en los siguientes veinte años no se ha hecho nada parecido podremos entender el valor que tienen. ¿Qué ha cambiado? ¿la juventud? ¿la Concejalía de la Juventud? La respuesta también podría ser que “cosas así” no son necesarias.

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Por Bibliotecario

No es pa�s para viejos - LibroImagínate que abres un libro esperando leer una novela y en su lugar recibes un puñetazo en el estómago. No se me ocurre otra manera de describir No es país para viejos. Tiene forma y aspecto de novela negra y por ella pasa durante un buen trecho. Sin embargo, cuando empieces a sospechar que las cosas no son como deberían será demasiado tarde, y tendrás un puño incrustado en el duodeno. Te sentirás dolorido, confuso y sin respiración, y por mucho que aprecies su autenticidad no habrá nada que te asegure que era realmente necesario.Llewelyn Moss, un veterano de Vietnam que vive con penuria en el Texas fronterizo de los ochenta, descubre mientras caza en el desierto los restos de un tiroteo entre narcos mexicanos. Allí encuentra una maleta con más de dos millones de dólares que cogerá esperando cambiar su vida y la de su mujer. A partir de ahí comenzará un juego del gato y el ratón en el que se sumarán varios personajes. Por un lado Anton Chigurh, un imparable asesino sin escrúpulos que se considera un instrumento del destino. Por el otro el Sheriff Bell, un hombre hecho a la vieja usanza, de valores comunitarios y tradicionales, al que la situación desborda completamente.

No es por su argumento por lo que No es país para viejos se aleja del género, como vemos. Es por lo que hace McCarthy con él. El autor, aparentemente a propósito, echa por tierra a mitad del libro las convenciones básicas de la narratología. La tensión cuidadosamente acumulada en los capítulos previos se fulmina abruptamente cuando el momento cumbre de la novela, de cualquier novela, se despacha a ochenta páginas del final, fuera de campo, y contado como un resumen esquemático. Ahí descubrimos que no estábamos leyendo lo que creíamos. Que las minuciosas descripciones de fugas, planes, tiroteos y emboscadas estaban perfectamente de más. A partir de ahí la novela no ofrece incentivos a sus personajes para seguir adelante, aunque lo hagan, pero el problema es que tampoco ofrece demasiados al lector. (más…)

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Por Bibliotecario

No es pa�s para viejos. Poster de la pel�culaHay decisiones que conllevan terribles consecuencias, y de eso va a empezar a saber mucho nuestro protagonista Llewelyn Moss (Josh Brolin), que tras agenciarse una gran cantidad de dinero que no le pertenece, será perseguido por un siniestro y letal asesino que no parará hasta dar con él y recuperar lo que es suyo.Estando de caza, Moss topa con una finalizada reyerta entre narcos cuyo resultado ha sido un montón de cadáveres esparcidos por el desierto y un cargamento de droga y dinero -dos millones de dólares- sin dueño alguno…, o eso cree él.
Moss coje el dinero y lo esconde en su casa. A partir de ahí dará comienzo la personal cacería de Anton Chigurh (Javier Bardem), un tipo misterioso que tiene el blanco fijado en Moss y en todo aquel que se cruce en su camino.

Por otro lado, el sheriff Bell (Tommy Lee Jones), a sabiendas de que un asesino busca a nuestro protagonista, tratará de dar con él antes de que sea demasiado tarde, y antes de que el depósito de cadáveres no dé a basto con las víctimas del misterioso perseguidor/ejecutor.

Bajo el abrasador sol de Texas, las vidas de estos tres hombres se entrelazarán, pero no todos llegarán hasta el final. ¿Quién cruzará la meta en este arduo y polvoriento camino encharcado de sangre y lágrimas?, ¿quién alcanzará su propósito y quién perecerá en el intento?. (más…)

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Por Bibliotecario

Ramses hijo de la luzResumen:

Al evocar la grandeza de Egipto, un nombre acude en seguida a la memoria: el de Ramsés , el llamado “hijo de la luz”, el único que encarna toda la magia y el poder de los faraones.

Esta magnífica novela, primera de la pentalogía que Christian Jacq dedica a tan ilustre personaje, narra con gran amenidad y rigor histórico las peripecias de un Ramsés adolescente que debe superar todos los obstáculos que su padre, el faraón Seti, le pone en su camino hacia la madurez. Deberá afrontar, asimismo, las intrigas a que lo somete el primogénito y celoso Chenar, su hermano. El joven Ramsés, el destinado a gobernar el pueblo de Egipto, habrá de aprender, en definitiva, a obrar con la sabiduría, la rectitud y la habilidad de los destinados a tan alta empresa.

Página 69:

capilla. A la izquierda de la entrada, una estela mostraba un texto de veneración al sol naciente. Frente a la piedra sagrada, el faraón Seti elevaba las manos, con las palmas abiertas, y celebraba el renacimiento de la luz cuyos rayos empezaban a iluminar la cantera.

Ramsés se arrodilló, escuchando las palabras que pronunciaba su padre.

Una vez terminada la plegaria, Seti se volvió hacia su hijo.

– ¿Qué vienes a buscar a este lugar?

– El camino de mi vida.

– El creador realizó cuatro acciones perfectas -declaró el faraón-: puso en el mundo los cuatro vientos con el fin de que cada ser respire durante su existencia; engendró el agua y las crecidas, de manera que el pobre las aproveche tanto como el poderoso; modeló a cada hombre idéntico a su prójimo; finalmente, grabó en el corazón humano el recuerdo de occidente y del más allá, para que se ofrecieran sacrificios al invisible. Pero los hombres transgredieron la palabra del creador y no tuvieron otro deseo que desnaturalizar su obra. ¿Formas parte de esa cohorte?

– He… he matado a un hombre.

– ¿Destruir es el sentido de tu vida?

– ¡Me he defendido, una fuerza me ha guiado!

– En ese caso, asume tu acto y no llores sobre ti mismo.

– Quiero encontrar al verdadero culpable.

– No te pierdas en veleidades; ¿estás dispuesto a hacer un sacrificio al invisible?

El principe asintió.

Seti penetró en el interior de la capilla, para volver a salir con un perro amarillo oro en los brazos. Una gran sonrisa iluminó el rostro de Ramsés.

¿Vigilante?

– ¿Es tu perro?

– Sí, pero…

– Coge una piedra, rómpele la cabeza y ofrécelo al espíritu de esta cantera. Así estarás purificado de tu violencia.

El faraón soltó al animal, que se precipitó sobre su amo y celebró el encuentro con alegres saltos.

– Padre…

– Actúa.

Los ojos de Vigilante pedían caricias y ternura.

– Me niego.

– ¿Eres consciente de lo que supone tu respuesta?

Ramsés. El hijo de la luz. Christian Jacq. Planeta, Barcelona, 1998.

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