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Archive for 31 agosto 2008

León Felipe

 

Por Fernando.

Voy con las riendas tensas

y refrenando el vuelo;

porque no es lo que importa llegar solo ni pronto.

sino llegar con todos y a tiempo.

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El arte también lee (2). Pavel Chudnovsky

Por Bibliotecario

Para ver más pinturas de Pavel Chudnovsky visita las siguientes webs:

pchudnovsky.com

www.artq.net

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Londres de noche y desde arriba

Por Bibliotecario

Más fotografías aquí

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PEQUEÑAS CONTRADICCIONES

Por Fernando

Realmente en esta vida hay que tener paciencia, y no saltar a la primera de cambio, pero hay cosas que no me cuadran. Nunca me han gustado ni los mentirosos, ni los falsos, ni los populismos; por eso mismo escribo estas líneas.

AGUA PARA VIVIR, salgo a la calle y veo esta consigna en algunas casas de nuestro pueblo, me informo y veo que solicitan la regularización de los pozos ILEGALES, recargar el acuífero, más derechos, beneficios y ayudas para nuestros agricultores, que se pague lo mismo por el arranque de la hectárea de vid aquí y en cualquier país europeo.

Estaremos más o menos de acuerdo, en lo que piden o no piden. Aunque no me parece digno que algunos tengamos que pagar por tener los pozos legales, y otros quieran su regularización por su cara bonita. Las cosas se hacen como dios manda (como soléis decir), y en nuestro Estado de Derecho, dios es la LEY.

El agua es algo fundamental en nuestras vidas, por eso tampoco estoy totalmente en contra de sus reivindicaciones. Por esto mismo, aquí es donde quería llegar, aquí es donde aparecen las contradicciones.

Llegan los días de jolgorio, llegan nuestras fiestas. Espero que los mismos que en sus casas tienen colgado el cartelito; los mismos que fueron a las manifestaciones de la Plataforma Agua para Vivir; los mismos que se encerraron en Socuéllamos; los mismos dirigentes políticos que defendieron  a ultranza el agua,…No sean los mismos que se pongan debajo de los chuflitos del Baile del Vermú, o los mismos que vendan pañoletas y pistolas de agua. En definitiva que los mismos que se ponen tan cargados de razón solicitando todo tipo de ayudas para el agua de sus pozos ilegales, no sean los mismos que malgasten agua durante estos días.

Estoy de acuerdo en que llegan días de fiesta y celebración, yo seré el primero que las disfrute.  También espero  no ver  muchas contradicciones, como la que arriba he mencionado y me temo que me la encontraré por el recinto ferial.

Felices Ferias y F(S)iestas.

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Surfin’ bird x The Ramones

El viernes, música. xch.m

…un tema fresquito de The Ramones, y surfeando… hasta septiembre.

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“No se puede decir”

Por Fernando

Tribuna de Manuel Rivas publicada hoy en www.elpais.com

Pisábamos la escarcha, los campos helados, la grafía fosilizada de la hierba. Camino de la escuela. Aquella noche, la brigada político-social se había llevado detenido a un joven cristalero, Manuel Bermúdez, alias Chao. Estamos en 1964. Bombardeados por la campaña de 25 años de paz. “¿Por qué se lo llevaron?”, pregunté a Domingo, que vivía en la casa más próxima. Miró hacia los lados, dudó y me dijo en voz baja: “No se puede decir”.

Los que militan en la ‘amnesia retrógrada’ limitan su campo de olvido al franquismo

La derecha renovada debería dar el paso moral de despegarse del complejo de Creonte

“No se puede decir”. Para mí, esa frase es un documento fundamental sobre la Justicia de esa época. Contiene tanta información como los preámbulos de las leyes del franquismo. Por cierto, esos preámbulos son el mejor relato del régimen totalitario hecho por sí mismo, la plasmación de esa misión histórica definida por el dictador, el 20 de mayo de 1939, una vez alcanzada la victoria militar: “Desterrar hasta los últimos vestigios del fatal espíritu de la Enciclopedia”. El “no se puede decir” de mi amigo, aquella mañana en que pisábamos la escarcha camino de la escuela, lo he ido asociando al título del grabado de Goya: No se puede mirar. La memoria activa, libre, es imprescindible para superar esa dramática escisión que marca nuestra historia, entre la grandilocuencia lesiva de “lo que se debe decir”, “lo que se debe ver”, y la dolorosa amputación de “lo que no se puede decir” y “no se puede mirar”.

¿Por qué despierta tanta hostilidad la memoria histórica en la derecha española? Creo que es una pregunta que concierne a todos, pero especialmente a quienes se sitúan en esa órbita ideológica y política. Esa derecha que gira al centro, que no quiere que ningún votante la vuelva a rechazar por miedo (Mariano Rajoy dixit), que se pretende homologable con los gobernantes franceses y alemanes, que sí asumen la memoria de la resistencia antifascista, esa derecha tan justamente comprometida con la memoria de las víctimas del terrorismo político en el País Vasco, ¿por qué hace una excepción con la dictadura franquista, una de las más crueles y prolongadas de la historia?

En Compostela todavía se conserva alguna imagen del Santiago guerrero, espada en ristre. Allí recibió Franco de la jerarquía católica una espada para la “santa cruzada”. Pero hay también en la catedral compostelana una espléndida imagen en granito policromado de San Miguel con su balanza para pesar las almas. La manera de pesar la historia, esa historia tan reciente, no puede ser tan arbitraria que pretenda equilibrar la espada con un fardo de olvido. ¿Cuánto pesa ese pasado, la substracción colectiva de la libertad durante casi medio siglo? ¿Nada? ¿Ni un escrúpulo?

Reconocer el dolor, desde siempre, es una exigencia para curar las dolencias. De hecho, la insensibilidad al dolor es un aviso o manifestación de corrupción en el cuerpo humano. Para Hipócrates y Galeno, la capacidad de enfrentarse al dolor era también una medida de inteligencia.

Hasta ahora, la exploración del mapa del dolor, los trabajos de exhumación de desaparecidos, las movilizaciones para retirar la simbología ominosa de los amigos de Hitler y Mussolini, las iniciativas para alumbrar zonas ocultas del thriller franquista, las investigaciones para aclarar expolios o apropiaciones de dudosa legalidad que se mantienen vigentes, como es el caso del Pazo de Meirás, no han sido obra de la Justicia, sino el fruto de un trabajo ímprobo, tenaz, a contracorriente muchas veces, de un concierto cívico de conciencias que han dado forma en España a lo que podríamos llamar “la voz de Antígona”. La Antígona de Sófocles que desobedece la imposición injusta de Creonte, y la Antígona resistente de Jean Anouilh, en la que Creonte era un trasunto de Petain.

Creonte: Tienes que saber que jamás el enemigo, ni aún muerto, es amigo.

Antígona: Tienes que saber que nací no para compartir con otros odio, sino para compartir amor.

Creonte: Entonces ve allá abajo y, si tienes que amar, ámalos a ellos (a los muertos), que, mientras viva, en mí no ha de mandar una mujer.

¿En qué consiste hoy la herencia de Creonte? Es esa voz, también concertada, que ante la Antígona española, un día le dice displicente: “¿Para qué andas removiendo los huesos?”. Otro día: “¿A quién le importa esa zarandaja de la memoria histórica?”. Y al siguiente, aunque estemos hablando de asesinados y de familias que quieren darles sepultura honorable: “Para eso, ni un duro”.

Somos lo que recordamos. El olvido que seremos. Por un lado, la potencia genésica de la memoria, de Mnemósine, la madre de las nueve musas. Por otro, la constatación de que la historia de la humanidad es una dramática historia del olvido. Y Clío, la pobre, la más indolente.

¿Por qué es, o puede ser, tan importante la literatura para la historia? La mirada del relato histórico, en sus versiones dominantes, es depredadora, carnívora. Quiere conquistar, imponerse. Por el contrario, la memoria literaria es la de un ser rumiante, donde fermenta lo interno y lo externo, lo vivido y lo imaginado, la razón y la emoción. Es una mirada que nos permite ver la historia humana desde un “presente recordado”. La memoria de Antígona se desplaza hacia delante. El olvido intencionado de Creonte a la larga se convierte en una tara colectiva. De todos los detectives, el mejor de la historia es Freud: “Censurar un texto no es difícil, lo difícil es borrar sus rastros”. En Las huellas de la memoria, Enrique Carpintero y Alejandro Vainer, expertos en el campo de la salud mental, utilizan dos expresiones complementarias para explicar la necesidad social de la lucha contra el olvido. Se trata, a la vez, de “construir el pasado” y “abrir el porvenir”.

Hay un concepto en neurología que se utiliza para definir la pérdida de recuerdos anteriores al momento en que se produce un daño en el hipocampo. Es lo que se denomina amnesia retrógrada. La asunción militante de una amnesia retrógrada por parte del gran espacio conservador ha tenido, por desgracia, un relativo éxito. La amnesia retrógrada no ha sido sólo una posición de líderes políticos derechistas, sino que ha sido compartida por un sector importante de la opinión, de parte de la Iglesia e incluso del estamento judicial.

Hago esta última afirmación porque resulta muy llamativa, y creo que históricamente dolorosa y escandalosa, la “suspensión de las conciencias” que prevaleció muchos años en la Justicia hacia la represión y los horrores del franquismo. Una cosa son las amnistías y otra las absolutas amnesias históricas. Creo que esa posición de amnesia retrógrada, la beligerancia contra el proceso de memoria histórica, la oposición tan grosera a la exhumación de los restos de los desaparecidos en la guerra y la posguerra, el desinterés hacia los exilados o la indiferencia en la honra a los luchadores de la resistencia o a los muertos en los campos de exterminio nazis, todo esto no ha aportado desde luego nada positivo al país, pero tampoco al campo político e intelectual que ha mantenido esa mentalidad de “amnesia retrógrada”. La derecha renovada debería dar ese paso moral de despegarse definitivamente del complejo de Creonte.

Los que militan en la amnesia retrógrada limitan su campo de olvido a la zona de sombra o área de ceguera del franquismo. Paradójicamente, muchos de esos activistas de la amnesia en lo que afecta al período dictatorial, remueven con entusiasmo el pasado para reivindicar, por poner algunos ejemplos, las esencias del nacional-catolicismo en el campo educativo, la vigencia de un rancio discurso tutelar respecto de América Latina, un permanente estado de sospecha hacia el sistema autonómico y la riqueza plurilingüe, por no hablar de la añoranza de los Reyes Católicos o del reino visigodo anterior al 711. ¡Eso sí que es saudade!

La democracia tiene que asentarse en una memoria democrática. El paso dado por el juez Baltasar Garzón, un referente internacional de integridad, con su solicitud de información a los ministerios de Defensa e Interior y a las asociaciones que trabajan por la reparación histórica puede significar un giro decisivo. Después de la contienda, miles de personas fueron asesinadas y sus cuerpos hechos desaparecer sin que esos crímenes se investigaran jamás. La dictadura llevó adelante una “Causa General” cruel e implacable, castigando incluso conductas legales anteriores a la guerra. Fue, esa dictadura, un prolongadísimo estado de excepción. Negando esa evidencia, presuntos historiadores, que violan a Clío en cada página, convierten en propaganda odiosa la herencia de Creonte. Por eso, para construir el porvenir, es tan importante que la Justicia en España escuche al fin la voz de Antígona.

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Por Bibliotecario

Hoy a muerto Alexandr Solschenizyn premio Nobel de Literatura en 1970 y escritor que sufrió y denunció las atrocidades del régimen de Stalin. Fue arrestado en 1945 por criticar o poner en dudas las cualidades militares de Stalin en su correspondencia privada, por esa razón pasó ocho años en un campo de concentración, condenado a trabajos forzados. En 1953 a pesar de haber cumplido toda su condena, fue deportado de nuevo a una población del Kazajstán donde permaneció tres años.

Su obra fue censurada o prohibida en la URSS y él mantuvo un constante tira y afloja con las autoridades sovieticas que le llevaron al exilio en 1973 del cual sólo volvería después de la caida del comunismo en Rusia.

Sin duda su obra más recordada sea “Archipiélago Gulag” donde narra su propio proceso judicial, que fue el de muchos otros, y la llegada a los campos de concentración de Stalin.

Aquí os dejo un fragmento del comienzo del libro donde se narra como era el arresto:

“¿Cómo se llega a este misterioso Archipiélago? Continuamente vuelan hacia él aviones, navegan barcos, se arrastran ruidosamente los trenes, pero no llevan ningún letrero que indique el lugar de destino. Los empleados de las taquillas y los agentes del Sovturist o del Inturist quedarían asombrados si se les pidiera un billete para el Archipiélago. No han oído hablar de él ni de ninguno de sus muchos islotes. (más…)

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