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Archive for 24/02/08

Por Bibliotecario

Sweeney Todd PosterAdaptando el popular musical de Broadway ‘Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street’, -que a su vez se basa en varios cuentos y leyendas del siglo XIX-, Burton recupera de nuevo toda la magia y habilidad visual y narrativa que ha caracterizado gran parte de su filmografía.

Admite el propio director que no es muy dado a los musicales, pero que éste tenía algo especial que le fascinaba. No en vano, se trata de algo muy diferente a lo que a uno le viene en mente cuando piensa en este particular género. Es una mezcla de romanticismo y tenebrosidad, con piezas musicales portentosas y ácidas, con un ritmo endiablado y carente de recargadas coreografías. Para que os hagáis una idea, tenemos delante algo más similar a “El fantasma de la Opera” que no a “Cantando bajo la lluvia”, a parte de asemejarse a la obra de Andrew Lloyd Webber por su temática trágica y su toque oscuro (aunque eso sí, menos ampuloso y sofisticado).

La historia, en la línea de la más tradicional tragedia griega o shakesperiana, se centra en el personaje de Benjamin Barker (Johnny Depp) y en su personal y macabra venganza contra el indeseable juez Turpin (Alan Rickman).

Tras 15 años alejado de su tierra y su familia y encarcelado por un crimen que no cometió, Barker regresa a su Londres natal para acabar con la vida del hombre que le condenó y le arrebató a su esposa e hija (usease, Turpin).

Oculto tras una nueva identidad, la de Sweeney Todd, Barker vuelve a su antiguo oficio de barbero para llevar a cabo su plan. Para ello contará además con la ayuda de la devota Sra. Nellie Lovett (Helena Bonham Carter), la mujer que tiene un local de empanadas justo debajo de su barbería y que se convertirá en su fiel cómplice. (más…)

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Por Bibliotecario

“Hoy me ha mirado un perro como preguntándose por mí. Era un perro negro, grande, ya un poco viejo, sin otra nobleza que la edad. Un perro de alguien, sin duda, un perro de otro, que repentinamente se ha interesado por mi persona. Quizá es el perro de un amigo y eso basta para que él me considere continuación difusa e interesante de su amo. Qué dulce curiosidad en la mirada del perro, qué añosa gravedad, qué dignidad que no tienen las personas. Ningún otro ser humano nos mira así. Entre los hombres sólo nos cruzamos miradas furtivas, o de momentánea alegría, miradas de superficie, más o menos mentidas. Miradas inquisitivas. Al perro, en cambio, se ve que le interesa todo de mí. Me mira a los ojos largo tiempo y espera que yo le corresponda con una mirada igualmente honesta, honrada, profunda, interesada, curiosa, digna. Con una mirada perruna”.

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