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Anécdota picassiana

Por Bibliotecario

Un día Picasso, estaba acompañado por “ La banda Picasso”; este grupo estaba formado por el poeta Guillaume Apolinaire, Jean Cocteau, Juan Gris, Georges Braque, el aduanero Henri Rouseau, el poeta y pintor Max Jacob, y otros.

Estos eran los artistas que vivían o frecuentaban Le bateau- Lavoir, que para esa época eran talleres-habitación que al comienzo del siglo XX compartían muchos artistas, lugar o mejor dicho, cantera del Arte Moderno. Habían venido a París en busca de enriquecerse intelectualmente, y también, lograr la fama; París era el sitio donde los artistas de todas las partes del mundo querían venir a trabajar y exponer…

Total, la historia no sé o no recuerdo muy bien donde ni la fecha exacta de esta anécdota; pudo haber sido en Montparnasse, en el Café la Coupola, lugar frecuentado por pintores, poetas e intelectuales a comienzos del siglo XX, o cuando, Picasso vivía en la Rue des Grands-Augustins, para ese entonces, década de los 30, ya que para esa fecha trabajaba para el marchante de arte Kahnweiler, o bien, yo pensaría, que fue cuando Picasso ya vivía en el sur de Francia, porque en realidad, pienso que cuando subsistían en el Bateua- Lavoir en Montmartre no tenían mucho dinero para ir al restaurante.

En ese momento era la miseria total…La historia narra, que el grupo había tomado y comido bastante y entre chistes y chistes, vino y más vino, comida y comer hasta la saciedad, hablar de arte, comentar sus últimos cuadros, sus poesías y hablar de sus conquistas amorosas, sobre todo Picasso que contaba las transformaciones, las cuales, se producían en su obra cuando tenía una nueva musa. Y es verdad, cuantas mujeres, cuantas tendencias en su obra… Las manecillas de los relojes habían dado varias vueltas, las horas y las horas pasaron y llegó el momento que había que pagar.

Cuando apareció esa hora crítica, todo los demás pintores se hicieron “los locos”y como sabían que él ya comenzaba a vender en dólares a los ricos coleccionistas americanos, pensaron que era él, el candidato para pagar y miraban con sumo interés a Picasso.

Muy hábilmente, Picasso retira los platos, cubiertos, botellas y resto de comida del mantel blanco. Inmediatamente, tomó su pluma e hizo un dibujo, y llamó a la dueña del restaurante para pagar con ese dibujo, los gastos del almuerzo, la propietaria se alegró y con una gran sonrisa le dijo a Picasso:

¿ Me lo puede firmar por favor?

Y él le respondió: “ Yo estoy pagando el almuerzo, no estoy comprando el restaurante”, y se fueron celebrando la genial respuesta de Picasso. Indudablemente, que esta historia pasó cuando ya él era un artista conocido y su obra ya tenía un gran valor artístico- económico. ”

Esteban Carrillo

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