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Archive for 28/06/09

” Al día siguiente, la riqueza de su vida queda reducida a la fina irrevocabilidad de un escenario del crimen: una oficina destrozada, ventanas rotas,una ausencia. Alguna sangre, no mucha, en la alfombra: de la nariz, quizá. Un bastón roto. Insperadamente, hay lo que parece una nota de suicida en un cuaderno abierto sobre su mesa. Los suicidios son más frecuentes en primavera. Cuando el mundo se enamora, tu falta de amor te golpea más fuerte. ¿Por qué escribiría nadie un nota así, destrozaría su oficina, se daría un puñetazo en la nariz, rompería su bastón y se desvancecería sin dejar rastro? No es una nota de suicida, dice Vina a la policía, es una anotación de diario. Había estado hablando con nosotros por teléfono sobre el amor y supongo que eso lo entristeció. Pero no era un hombre que se quitase la vida. Era un gran luchador, una persona que sobrevivía.

Tras cierta vacilación inicial, esta versión de acepta como la más probable. Se califica el hecho de secuestro y se sospecha un asesinato. Las sospechas se centran en un amante desairado, pero no se encuentran pruebas fehacientes, nadie envía a nadie un pescado envuelto en el periódico de la mañana, no se formulan nunca acusaciones. Tampo se encuentra el cadaver de Standish. Tiene que pasa tiempo hasta que sea declarado legalmente muerto, y Waldo Crossley, el jardinero simple de Spenta, se convierta en hombre auténticamente rico.

(Cuando Spenta Methwold, en una blanca mansión situada en alto sobre el Támesis rural, conoce la noticia de la desaparición de Standish, mete a Ardaviraf y a Waldo en la trasera de su Mercedes y conduce durante tres horas por las carreteras comarcales próximas. Spenta es una anciana en esos tiempos, tiene cataratas en los dos ojos, de manera que es como conducir con anteojeras, medio ciega por una vida de lágrimas acumuladas, estalactitas del pesar. En la aldea de Faweet, Bucks, hace caso omiso de un Ceda el Paso y es colisionada simultáneamente, por ambo lados, por sorprendidas mujeres de agricultores con sus Mitsubishis de tracción a las cuatro ruedas. Es un accidente a cámara lenta, nadie se hace mucho daño, pero el coche de Spenta no se abre. Sin disculpas ni quejas, se dirige al garaje más próximo, y los tres esperan pacientemente mientras lo mecánicos cortan el coche para liberarlos. Spenta se va a casa con Waldo y Virus en un minitaxi y, cuando llega a la puerta delantera, les dice a Virus y Waldo que ése ha sido su último viaje, no le interesa ya el mundo de más allá de sus puertas. Me sentaré y pensaré en los que se han ido, y vosotros, nuestros hijos, me cuidaréis. Luego llama al médico y cancela la operación de cataratas prevista. Una vista con anteojeras, una visión de túnel es todo lo que necesita ahora. Ya no desea ver el gran panorama.”

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