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Archive for 23/04/09

El viernes, música.

…Sí!!! Internet es lo que tiene, ese fantástico cajón desastre de confusiones, que cuando buscas música de Christoph von Gluck (el compositor Alemán del s.XVIII) de pronto te regala un curioso tema en italiano… “Il ragazzo della via Gluck de Adriano Celentano así que, de Gluck a Gluck ahí van dos temas hermanados por la casualidad…



😉

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La encantadora de Florencia, de Salman Rushdie

encantadoraSinopsis:

En su nueva novela, Salman Rushdie vuelve con la suntuosa mezcla de historia y fábula de Hijos de la medianoche para reconstruir el apasionante periodo histórico, cargado de luchas e imperios magníficos, que finalmente dio lugar a la India.

A finales del siglo XVI, un extranjero llega a la corte de Akbar el Grande, emperador del Imperio Mogol, en la fastuosa ciudad de Fatehpur Sikri. Es el portador de un secreto que podría proporcionarle la mayor de las fortunas o costarle la vida. Un secreto que podría proporcionarle la mayor de las fortunas o costarle la vida. Un secreto digno solo de los oídos del emperador: la historia de una mujer misteriosa, dueña de una belleza cautivadora y versada en las artes del encantamiento y la brujería, y de su viaje imposible a la lejana Florencia.

La encantadora de Florencia es la historia de una princesa olvidada, su doble, un emperador poderosísimo enamorado de una mujer imaginaria, guerreros seducidos al final de cada batalla, un extranjero y su secreto, elefantes que deciden el destino de los hombres, prostitutas arteras y una ciudad imposible.

Fragmento. Página 48.

Las hermanas de Jodha, las otras esposas, se reconcomían de celos ¿Cómo podía preferir el poderoso emperador la compañia de una mujer inexistente? Por lo menos, cuando él se iba, ella debería ausentarse también; no tenía por qué quedarse entre las que de verdad existían. Como la aparición que era, debía desaparecer, debía atravesar un espejo o meterse en una sombra y perderse. Negarse a hacerlo, concluyeron las reinas vivas, era la clase de desafuero que cabía esperar de un ser imaginario. ¿Cómo podían haberle inculcado buena educación si ni siquiera había tenido educación alguna? Era una fantasía sin enseñanza, y merecía la indiferencia de las demás.

Para crearla, rezongaban las esposas, el emperador había empleado las partes robadas a cada una de ellas. Decía que era la hija del príncipe de Jodhpuer. ¡Falso! Esa era otra reina, y no era la hija, sino la hermana. El emperador creía asimismo que su amada ficticia era la madre de su hijo primogénito, el hijo primogénito tanto tiempo anhelado, concebido gracias a la bendición de un santo, el mismo santo junto a cuyo cuchitril en lo alto del cerro se había construido esta ciudad de la victoria. Pero no era ella la madre del príncipe Salim, como estaba dispuesta a contar, acongojada, a todo aquel que la escuchase la verdadera madre del príncipe Salim, Rajkumari Hira Kunwari, conocida como Mariam-uz-Zamani, hija del rajá Bihar Mal de Amer, del clan de Kachhwaha. Por lo tanto, la infinita belleza de la reina imaginaria procedía de una consorte, su religión hindú de otra, y su incalculable riqueza de una tercera. Su temperamento, en cambio, era creación del propio Akbar. Ninguna mujer real era así, tan atenta, tan poco exigente, tan incondicionalmente accesible. Era una imposibilidad, una tantasía de perfección. Ellas la temían, conscientes de que, como ser imposible, era irresistible, y por eso el rey la amaba más que a ninguna otra. La odiaban por usurpar sus historias. Si hubiesen podido asesinarla, lo habrían hecho, pero hasta que el emperador se cansase de ella, o él mismo muriese, era una mujer inmortal. La idea de la muerte del emperador no era inconcebible, pero de momento las reinas no la habían concebido. Por el momento, sobrellevaban sus agravios en silencio. <<El emperador está loco>>, renegaban en su fuero interno, pero con buen criterio se abstenían de expresarlo en voz alta. Y cuando él galopaba por esos mundos matando gente, ellas abandonaban a su suerte a la consorte imaginaria. Nunca pronunciaban su nombre. <<Jodha, Jodhabai.>> Esas palabras nunca salían de sus labios. Ella vagaba sola por el recinto palaciego. Era una sombra solitaria vislumbrada a través de las celosias de piedra. Era un paño movido por la brisa. Por las noches, de pie bajo la pequeña cúpula que coronaba el Panch Mahal, oteaba el horizonte esperando el regreso del rey que la hacía real. El rey, que volvía a casa de las guerras.


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