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Archive for 23/04/08

Por Bibliotecario

Los libros son objetos hechos de papel y tinta con extraños signos que forman palabras. Y con ese simple material los libros hacen magia y quien los lee entra en la mente de otra persona. Son un viaje en el tiempo, muchas veces al fondo del alma, un viaje que podemos hacer sin salir de casa. Los libros son alfombras mágicas, varitas mágicas, máquinas del tiempo, puertas abiertas a la habitación de los secretos. Leer es hacer magia. Pero no todos los libros son así. Hay algunos libros muy importantes y muchos libros sin importancia alguna. Y esa distinción corresponde a cada lector y a nadie más. Me gustaría que hoy, día mundial del libro, cada uno de nosotros hiciéramos la declaración de independencia de nuestro propio criterio y afirmemos nuestra libertad completa para decidir qué leemos sin hacer caso al mercado ni a la industria ni a la publicidad y sin hacer caso, por supuesto, a los que dicen que saben mucho de esto. Cuando un autor escribe un libro, tiene mucho cuidado de lo que opina el lector. Pero, en realidad, cuando un autor publica un libro, quien debe tener cuidado es el lector. Mi regla es evitar el aburrimiento aunque, naturalmente, cada lector tendrá la suya. Leer es siempre elegir lo que se lee. Pero también ocurre muchas veces que cuando se juntan un libro y una cabeza y suena a hueco, no siempre la culpa es del libro así que, amigo lector, haga usted su magia con los libros que usted quiera porque si no, la magia se desvanecerá.

Recuerdo que mi padre leía mucho. Había en casa una biblioteca variada, nutrida, un poco variopinta y extraña y muy a mi alcance. Con aquellos libros jugaba yo cuando era un niño, haciendo toboganes y castillos y laberintos. Y luego, jugaba leyéndolos. Recuerdo a mi madre, en las tardes de sol, leerme poemas que ella componía, poeta secreta, poetisa inmensa. Y a mi hermana, devorando libros y proponiendo en mi casa la compra de las Mil y una Noches y del Decamerón, unos libros de oro que llegaron un día por correo. Y a mi hermano llevándome a las librerías, instruyéndome en las diferencias entre editorial y colección, volumen y tomo. Recuerdo sus libros, justo allí arriba, encima de mi cama, en las estanterías que velaban mis sueños literarios. Un día me regaló un libro que conservo todavía. Había un poema que decía: creemos tener recuerdos, aunque son los recuerdos los que nos tienen a nosotros. Con todo eso en mi infancia, me hice escritor. Con aquellos libros y esas cuatro personas que tanto quiero. Personas y libros… Eso, las personas que usted conoce y los libros que ha leído y va a leer, eso es lo que hace que un día como hoy esté lleno de magia. Si usted tiene un buen libro tiene el asombroso poder de un gran mago, incluso en los días en que no hay ningún motivo para creer en nada.

Juan Carlos Arce

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El Roto tan actual como siempre

Por Fernando

Hoy el en El País, El Roto nos vuelve a demostrar su actual e irónico humor. No hay que tener miedo a los libros, ni a la educación, ni a la cultura, estos deben ser nuestros cimientos. Feliz día del libro

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El Comienzo de un Largo Camino

Por Fernando

Hoy se me brinda la oportunidad de formar parte de este proyecto tan ambicioso. Además tengo la ocasión de ser el primero en escribir en este día del LIBRO. Actualmente la lectura está un poco abandonada por los jóvenes y como dice por arriba hay que ir dando la cultura con cuchara. Esta es la era de las nuevas tecnologías, asi que no hay nada mejor que utilizar estas para promover la cultura y la pasión por la lectura.

Del pasado efímero, este poema de Antonio Machado, (que no Machao), es el que da nombre a mi nuevo blog http://elpasadoefimero.wordpress.com , quizá estos versos también os suenen por una mítica canción de Serrat, grabada por primera vez hace varias décadas en su disco dedicado a Machado

Este hombre del casino provinciano
que vio a Carancha recibir un día,
tiene mustia la tez, el pelo cano,
ojos velados por melancolía;
bajo el bigote gris, labios de hastío,
y una triste expresión, que no es tristeza,
sino algo más y menos: el vacío
del mundo en la oquedad de su cabeza.
Aún luce de corinto terciopelo
chaqueta y pantalón abotinado,
y un cordobés color de caramelo,
pulido y torneado.
Tres veces heredó; tres ha perdido
al monte su caudal; dos ha enviudado.
Sólo se anima ante el azar prohibido,
sobre el verde tapete reclinado,
o al evocar la tarde de un torero,
la suerte de un tahúr, o si alguien cuenta
la hazaña de un gallardo bandolero,
o la proeza de un matón, sangrienta.
Bosteza de política banales
dicterios al gobierno reaccionario,
y augura que vendrán los liberales,
cual torna la cigüeña al campanario.
Un poco labrador, del cielo aguarda
y al cielo teme; alguna vez suspira,
pensando en su olivar, y al cielo mira
con ojo inquieto, si la lluvia tarda.
Lo demás, taciturno, hipocondriaco,
prisionero en la Arcadia del presente,
le aburre; sólo el humo del tabaco
simula algunas sombras en su frente.
Este hombre no es de ayer ni es de mañana,
sino de nunca; de la cepa hispana
no es el fruto maduro ni podrido,
es una fruta vana
de aquella España que pasó y no ha sido,
esa que hoy tiene la cabeza cana.

 

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