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Archive for 19/03/08

por Bibliotecario

Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra.

Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, luce una estrella en ese Universo.

Pero, cada una de esas estrellas es un sol, a menudo mucho más brillante y magnífico que la pequeña y cercana a la que denominamos el Sol. Y muchos -quizá la mayoría- de esos soles lejanos tienen planetas circundándolos. Así, casi con seguridad hay suelo suficiente en el firmamento para ofrecer a cada miembro de las especies humanas, desde el primer hombre-mono, su propio mundo particular: cielo… o infierno.

No tenemos medio alguno de conjeturar cuántos de esos cielos e infiernos se encuentran habitados, y con qué clase de criaturas: el más cercano de ellos está millones de veces más lejos que Marte o Venus, esas metas remotas aún para la próxima generación. Mas las barreras de la distancia se están desmoronando, y día llegará en que daremos con nuestros iguales, o nuestros superiores, entre las estrellas.

Los hombres han sido lentos en encararse con esta perspectiva; algunos esperan aún que nunca se convertirá en realidad. No obstante, aumenta el número de los que preguntan: ¿Por qué no han acontecido ya tales encuentros, puesto que nosotros mismos estamos a punto de aventurarnos en el espacio?

¿Por qúe no, en efecto? Sólo hay una posible respuesta a esta muy razonable pregunta. Mas recordad, por favor, que ésta es sólo una obra de ficción.

La verdad, como siempre, será mucho más extraordinaria.

Prefacio de “2001. Una odisea espacial”. Arthur C. Clarke

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“La guerra de Charlie Wilson”

por Bibliotecario

Guau. No sé exactamente cómo de mal acabó su andadura Aaron Sorkin en El Ala Oeste de la Casa Blanca, pero no veas cómo le escuece. Digo ésto porque este señor, que es posiblemente uno de los mejores cinco guionistas de los últimos 20 años, siempre ha albergado un sentido patriótico como una catedral disfrazado de alegre crítica contra la distorsión de los principios básicos establecidos por los Padres Fundadores: véase Algunos Hombres Buenos, los últimos capítulos de Studio 60 o las primeras cuatro temporadas de la serie que he mencionado al principio. En el caso que nos ocupa aquí, hay mucho glamour, mucho jaja, mucha ligereza y todo lo que queráis. Pero por debajo, llueven hostias. A mansalva. Y sin mucho orgullo patrio, que digamos.

En pinceladas, La Guerra del título es la que emprende el congresista Charlie Wilson, una versión estadounidense de Bertin Osborne que, como jefazo del uno de los innumerables comités de fondos de defensa del Congreso, decide aumentar el presupuesto destinado para financiar a los milicianos afganos de la etnia pastún contra el ULTRAMALÉFICO Ejército de la extinta Unión Soviética. En teoría, todo el mundo sale ganando porque el plan está concebido de forma magistral: empleas a una dama de la alta sociedad tejana para convencer al sector más ultraconservador y rancio de las altas esferas del Gobierno estadounidense, y te apoyas en un agente de la CIA para encargarse de controlar el aspecto logístico de la operación. Y a forrarse.

guerra de charlie wilson 1

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por Bibliotecario

42 diasHace cerca de 2.000 años, alrededor del año 30 de nuestra era, tuvieron lugar unos acontecimientos que cambiaron la historia de la humanidad. En Jerusalén, una zona periférica y pobre del Imperio Romano, fue ejecutado un tal Jesús, un profeta de Nazaret.

Una crucifixión como aquélla era algo absolutamente normal en una región en la que, además de los delincuentes comunes, abundaban los rebeldes contra Roma y no faltaban los predicadores que molestaban a las autoridades religiosas judías. De hecho, poco antes había muerto uno de esos predicadores, un tipo estrafalario e incordiante que bautizaba a sus seguidores en el Jordán, y junto con Jesús fueron ejecutados dos ladrones.

Tanto para los romanos destinados en aquel rincón del mundo como para la población local, el hecho no tenía nada de extraordinario. Y sin embargo, pocos años después, el reducido grupo de seguidores del profeta crucificado se había convertido en una amenaza para el Imperio; tanto como para que fueran reconocidos y perseguidos con saña por el poder de Roma. Había nacido el cristianismo.

El cristianismo es un pilar esencial del mundo actual, impregna la cultura, el arte y el pensamiento de Occidente; y es la religión de un tercio de la humanidad; como tal, su historia es bien conocida. Pero, curiosamente, se sabe muy poco de su momento fundacional. Se conoce bien la vida de Jesús y el desarrollo posterior de la iglesia que se basa en él.

Pero el momento en que todo comienza, el big bang del cristianismo permanece envuelto en la bruma. Ese momento no es otro que el de la resurrección, el período que va desde el apresamiento de Jesús hasta su marcha definitiva de este mundo (lo que, en la tradición cristiana, se conoce como la Ascensión), los 42 días oscuros en que el cristianismo da su primer vagido.

Éste es el tema del libro «42 días, Análisis forense de la crucifixión y la resurrección de Jesucristo», el análisis minucioso de la muerte, resurrección y posteriores apariciones de Jesús; unos hechos absolutamente extraordinarios, porque, ocurriera o no la resurrección, hubo personas que creyeron en ella, y esa creencia se extendió por todo el mundo y cambió la Historia. (más…)

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