Por Bibliotecario
Hoy a muerto Alexandr Solschenizyn premio Nobel de Literatura en 1970 y escritor que sufrió y denunció las atrocidades del régimen de Stalin. Fue arrestado en 1945 por criticar o poner en dudas las cualidades militares de Stalin en su correspondencia privada, por esa razón pasó ocho años en un campo de concentración, condenado a trabajos forzados. En 1953 a pesar de haber cumplido toda su condena, fue deportado de nuevo a una población del Kazajstán donde permaneció tres años.
Su obra fue censurada o prohibida en la URSS y él mantuvo un constante tira y afloja con las autoridades sovieticas que le llevaron al exilio en 1973 del cual sólo volvería después de la caida del comunismo en Rusia.
Sin duda su obra más recordada sea “Archipiélago Gulag” donde narra su propio proceso judicial, que fue el de muchos otros, y la llegada a los campos de concentración de Stalin.
Aquí os dejo un fragmento del comienzo del libro donde se narra como era el arresto:
“¿Cómo se llega a este misterioso Archipiélago? Continuamente vuelan hacia él aviones, navegan barcos, se arrastran ruidosamente los trenes, pero no llevan ningún letrero que indique el lugar de destino. Los empleados de las taquillas y los agentes del Sovturist o del Inturist quedarían asombrados si se les pidiera un billete para el Archipiélago. No han oído hablar de él ni de ninguno de sus muchos islotes.
Los que van al Archipiélago a gobernar, llegan a través de las escuelas del MVD (Ministerio del Interior).
Los que van a vigilar, son reclutados por los comisariados militares.
Y para los que van allí a morir, como usted y yo, querido lector, hay una sola y obligatoria forma de llegar: a través del arresto.
¡¡El arresto!! ¿Será necesario decir que da un vuelco a toda nuestra vida? ¿Que es un rayo que descarga sobre uno? ¿Que es una sacudida moral tan terrible, que no todos la encajan y que, a menudo, lleva a la locura?
El Universo tiene tanto centros como seres vivientes. Cada uno de nosotros es el centro de un mundo, y el Universo se resquebraja cuando le mascullan a uno: Queda usted detenido.
Y cuando queda usted detenido, ¿podrá verdaderamente permanecer algo en pie ante ese terremoto?
Con el cerebro embotado, incapaces de comprender estas deformaciones tectónicas del Universo, en ese momento, tanto los más agudos como los más lerdos sólo son capaces de extraer, de toda su experiencia, un:
¿¿Yo?? ¿¡Por qué!?
pregunta que antes de nosotros se ha repetido millones y millones de veces y que jamás obtuvo respuesta.
El arresto es una manera fulminante y sorprendente de arrojar, precipitar, trasplantar de un estado a otro.
Corriendo felices o arrastrándonos desdichados por la larga y tortuosa calle de nuestra vida, pasamos junto a vallas, vallas y más vallas de madera podrida, tapias de arcilla, cerca de ladrillo, de hormigón, de hierro. No nos paramos a pensar qué podía haber detrás de ellas. No intentamos elevar la mirada ni el pensamiento por encima de las mismas, pese a que, precisamente allí empezaba el país del GULAG, tan cerquita, a dos metros de nosotros. Y tampoco nos percatamos del sinfín de puertas y portezuelas, bien ajustadas y disimuladas, que había en aquellas vallas. Todas aquellas puertas estaban preparadas para nosotros, y he aquí que, de pronto, se abrió rapidamente una, la fatal, y cuatro manos masculinas, que no sabían de trabajo físico, pero llenas de energía, nos agarraron por las piernas, por las manos, por el cuello, por la gorra, por las orejas…, nos arrastraron como un fardo y se cerró para siempre, detrás de nosotros, la puerta, la puerta de nuestra vida anterior.
Y nada más. Queda usted detenido.
Y, por toda respuesta, só…ó…ó…lo se le ocurrirá balar como un borrego:
- ¿¿Yo..o?? ¿¿Por qué??
Esto es el arresto: un fogonazo cegador y un golpe que relegan el presente al pasado, mientras lo imposible se hace totalmente presente.
Y eso es todo”
(Traducción: L. R. Martínez)