Por Bibliotecario
En las crónicas sobre la criptología de la Segunda Guerra Mundial, las hazañas de los aliados forman la parte del león. A lo largo de decenas de libros e incontables artículos y conferencias (por no hablar de este vuestro Boletín) se han narrado los éxitos de polacos, ingleses y norteamericanos en el descifrado de mensajes alemanes. Cierto es que tan sólo la ruptura de Enigma supuso una ventaja equivalente a la de ejércitos enteros, pero ¿qué pasa con los logros criptoanalíticos del Eje? Existieron, ciertamente, y lograron algunas ventajas notables para Hitler.
Sin embargo, existe todavía una escasez de noticias al respecto. Algunos han llegado a creer que la mentalidad alemana esa incapaz de asimilar que una cifra supuestamente perfecta pudiera ser rota. Otros apuntan a rivalidades entre los departamentos responsables del Tercer Reich. O, sencillamente, puede ser que la historia alemana esté aún esperando ser contada y que más de una sorpresa duerman todavía en los archivos. En tanto que eso ocurra, vamos a recordar un hecho de armas que favoreció a los alemanes. Más concretamente, a uno de los generales más famosos y brillantes del ejército aleman: Erwin Rommel. La narración que sigue se basa en el libro Codebreakers y algunas fuentes menores.
Nos encontramos en el otoño de 1941. Los ejércitos alemanes avanzan por Rusia y el Norte de África, amenazando con redondear su serie de victorias y convertir Europa y el Mediterráneo en territorios alemanes. En aquellos momentos, la ofensiva británica había expulsado a Rommel de Libia y éste se encontraba a la defensiva. Sin embargo, contaba con una fuente de primer orden que le ayudaría en la contraofensiva que estaba preparando. Esta fuente era de origen americano, y no era resultado de una traición o un soborno. La “fuente” hacía su trabajo de forma honrada, sin saber que con ello estaba ayudando al comandante del Afrika Korps.
El nombre de la fuente es Bonner Frank Fellers, y era coronel del ejército norteamericano. En aquella época estaba destinado en El Cairo como agregado militar, con la misión evidente de verlo todo, anotarlo todo e informar de todo. Aunque entonces Estados Unidos todavía no había entrado en guerra, los británicos le introducían en sus círculos íntimos y le revelaban sus secretos, quizá con la esperanza de que el Tío Sam les proporcionase más material bélico y ayuda económica. Fellers disponía de información de primera mano, material que hubiera supuesto una gran ventaja a los alemanes.
Fellers enviaba sus informes cifrados, para lo cual usaba el llamado código Black (Negro). Se trataba de un código reciente, creado para los agregados militares y que también puede que fuese usado por algunos embajadores. Por desgracia para los americanos,Black fue robado en la embajada americana en Roma por el Servicio de Información Militar (SIM) italiano. La fecha del robo no está muy clara. Según David Alvarez, la historia oficial del servicio de inteligencia italiano da la fecha inmediatamente anterior a la declaración de guerra contra Estados Unidos, hacia diciembre de 1941. Sin embargo, parece ser que en Agosto el SIM había obtenido algunas claves norteamericanas, incluida la Black, en Agosto o septiembre. El propio ministro de Asuntos Exteriores italiano, conde Ciano, escribía en su diario: “… el SIM se ha apoderado de la clave secreta americana y todo lo que [el embajador de EEUU] Philips telegrafía es descifrado por nuestra oficina”.
En cualquier caso, los italianos tardaron poco en compartir su descubrimiento con sus amigos alemanes. De esa forma, los mensajes transmitidos por Fellers eran diligentemente captados por los alemanes, descifrados y transmitidos (bajo clave alemana, naturalmente) a Rommel. Ayudado con estos nuevos datos, el Zorro lanzó un contra-contraataque el 21 de Enero de 1942. Durante su avance, que recuperó para el Eje más de 500 kilómetros en algo más de dos semanas, Fellers transmitía información de gran precisión y valor táctico. Por ejemplo, tan sólo dos días después de comenzada la ofensiva, Fellers informó que 270 aviones estaban siendo retirado del Norte de África para reforzar a las fuerzas británicas en el Lejano Oriente. Seis días después llegaba una lista exhaustiva de las unidades blindadas británicas: número, daños, ubicaciones, grado de eficiencia. En otra ocasión, Fellers causó un gran sobresalto a los alemanes, al informar de un envío de gasolina. Los alemanes, al parecer, ignoraban que los norteamericanos llaman “gas” a la gasolina, así que leyeron el mensaje y pensaron que los americanos se preparaban !para un ataque con armas químicas!
Evidentemente, no fue tan sólo la información de Fellers la que llevó a Rommer hasta la frontera con Egipto. No le llamaban el Zorro del Desierto por nada. Pero es innegable que la información que recibía aumentó la efectividad de sus fuerzas y le permitió optimizar sus esfuerzos. También le libró de más de un contratiempo. En Junio, por ejemplo, los británicos realizaron un gran esfuerzo por cortar las líneas de suministros alemanas. En la noche del 12 al 13, unidades de sabotaje fueron enviadas por aire y tierra para neutralizar los aeródromos alemanes mientras una fuerza marítima atacaba la base de la armada italiana en Tarento. Sin embargo, el bocazas de Fellers envió un mensaje a Washington que fue interceptado y descifrado por los alemanes. Como resultado, los comandos enviados contra los aeródromos cayeron en una emboscada y fueron aniquiladas. Los aviones que iban a sabotear apenas sufrieron daños, y al día siguiente lanzaron duros ataques contra los convoyes británicos. Hundieron tres destructores y dos mercantes, a añadir a otro crucero hundido por un submarino. La operación contra Tarento fue suspendida. Sólo dos buques mercantes consiguieron llegar a la asediada Malta hasta el mes de Noviembre. El eslógan de guerra “el desliz del labio puede hundir un buque” (”a slip of the lip can sink a ship”) nunca fue tan literalmente cierto como entonces.
Es posible que el mensaje de Fellers, número 11.119, haya sido uno de los más perjudiciales para el esfuerzo de guerra aliado. De haber tenido éxito la operación aliada, las líneas de suministros entre Europa y el Norte de África podrían haber quedado seriamente dañadas, los carros alemanes habrían sido privados del combustible que tan desesperadamente necesitaban y Rommel hubiera tenido que ponerse a la defensiva. En vez de ello, al Afrika Korps se supo en movimiento con el objetivo de tomar El Cairo y expulsar a los aliados de Egipto de una vez por todas.
Sin embargo, la suerte estaba a punto de cambiar. Ya en Febrero de 1942, Churchill informó a Roosevelt de que los criptoanalistas británicos habrían logrado éxitos parciales contra algunas cifras usadas por el Cuerpo Diplomático de EEUU. Hacia Junio, los británicos estaban descifrando mensajes Enigma que contenían referencias a los informes de Fellers, e informaron a los estadounidenses de que sus códigos del El Cairo habían sido comprometidos. Algunos de los mensajes captados por los británicos resultaban embarazosos en extremo. En uno de ellos, Fellers indicaba el mal estado de las defensas británicas y predecía de que Rommel podría tomar fácilmente el delta del Nilo en una ofensiva. ¿Influyó esa noticia sobre el Zorro? Teniendo en cuanta de que eso fue exactamente fue lo que hizo, resulta como menos curioso.
Para complicar más las cosas, dentro de los servicios de inteligencia británicos había quienes se olían juego sucio, pero no por parte alemana sino americana. Hubo quien pensó que los ingleses no estaban leyendo los mensajes alemanes relativos a los informes de Fellers, sino esos mismos informes directamente. ¿Estaban los británicos espiando a los norteamericanos? Parece que no, pero hubo quien no estaba muy convencido. Incluso circuló la teoría de que todo era un retorcido plan británico para poder echarle mano a la máquina de cifrar SIGABA, que los norteamericanos se negaban a compartir con sus aliados. En cualquier caso, una SIGABA fue rápidamente despachada al El Cairo para asegurar las comunicaciones allí, y Fellers fue reclamada por Washington.
Las consecuencias no pudieron ser peores para Rommel. En el momento en que preparaba lo que podía ser su ofensiva final, con escasez de combustible y material, la ventana de información se había cerrado. La derrota de El Alamein ha sido bien estudiada, y no puede justificarse por el hecho de que Fellers hubiera cerrado el pico. Rommel estaba en inferioridad numérica y material, hubo de enfrentarse a una aviación enemiga poderosa, profundos campos de minas y el agotamiento de sus hombres. Sus pérdidas no podían ser repuestas con la rapidez con que lo hacían los británicos. En suma, era el canto del cisne para el Afrika Korps, con o sin la ayuda de Fellers.
Con todo, es indudable que la ausencia de los informes de Fellers perjudicó a Rommel en el momento más crítico. Sin conocer la situación precisa o el estado de las fuerzas enemigas, su capacidad para defenderse o atacar se redujo. Los británicos, mientras tanto, habían reforzado su 8º Ejército con tanques y artillería. La sorpresa obtenida por los británicos fue tal que, en el momento del ataque, Rommel estaba en Alemania, donde había viajado por cuestiones de salud. Regresó rápidamente a África, tan sólo para recoger los restos de su ejército. En esta ocasión, los aliados habían conseguido la sorpresa y con ella la victoria.
Teniendo el cuenta el daño que sus informes hicieron a la causa aliada, resulta curioso que el coronel Fellers no diese con sus huesos en un penal militar. Aunque pensándolo bien, hay que reconocer que se limitó a hacer su trabajo, y lo hizo (para desgracia de su propio bando) muy bien. Pocos meses después, de hecho, se le concedió la Medalla de Servicios Distinguidos por su labor como agregado militar, citando que
“sus informes al Departamento de Guerra fueron modelos de claridad y precisión”. Seguro que hasta el Zorro de Desierto estaría de acuerdo con tal afirmación.
Arturo Quirantes
nice work, guy